Era un miércoles, en febrero. Ese
día fui al colegio y me fue muy bien. En la tarde almorcé carne asada, arroz y
jugo de lulo. Prendí el televisor y vi “Padres E Hijos.” Apagué el televisor
para lavarme los dientes. Luego, volví a prender el televisor y justo en ese
instante se empezó a ladear y las lámparas también. Comprendí que estaba
temblando y avisé a mi mamá y fuimos debajo de un marco.
Cuarenta segundos después, cuando se
había calmado, prendimos la radio y vimos que el epicentro fue en Risaralda y
que la ciudad de Pereira se había destruido en gran parte. En Manizales solo se
agrietaron unos edificios y algunos lugares.
1995
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