-
¿Aló?
-
Quihubo.
-
Oe,
¿entonces qué?
-
Todo
bien, ¿usted qué? ¿Qué oye?
-
Espere
le bajo a la música. ¿Qué me dijo?
-
Que
qué escucha.
-
Ah. Guns N’ Roses. Appetite
For Destruction.
-
Ah,
puro y repugnante hair metal.
-
No,
no. Guns N’ Roses no es hair metal.
-
Que
sí güevón. ¿Es que no ha visto los videos? Tienen el pelo igual que todos los
grupos de hair metal, entonces Guns
N’ Roses ES hair metal.
-
El
género no tiene tanto que ver con el pelo sino con el estilo de la música.
Estos manes sobresalen del resto
porque tienen un sonido más aguerrido y sensible que por ejemplo Warrant y
Slaughter, que sí son bandas puramente hair
metal.
-
No.
Si acaso Guns N’ Roses sobresale de entre todos esos grupos es porque Axl tenía
el pelo parado en el video de “Welcome To The Jungle”, más o menos como Nikki
Sixx en los primeros videos de Mötley Crüe, por lo que podría catalogárseles, si
acaso, dentro del subgénero del spiked
hair metal. ¡Si acaso!
-
¿Pero
qué idiotez acaba de decir? Ese género no existe, se lo acaba de inventar.
-
Ay,
papá. Yo sé de qué le hablo.
-
Además
Guns N’ Roses es otro género distinto, ¿sí pilla? Si usted escucha con atención
se dará cuenta de que ellos tienen influencias más variadas que cualquier banda
de hair metal. Vea,
tienen influencia de Elton John, Queen, Ramones, Rolling Stones, New York Dolls…
-
La
mona, aunque se vista de seda, mona se queda.
-
¿Entonces,
según usted, qué género viene a ser Metallica? ¿Curly hair metal?
-
Hasta
el álbum negro, sí. Después, de Load en
adelante, pasan a ser clean neat hair cut
metal rock moderno.
-
Usted
sí habla mucha mierda, ¿no?
-
Ay,
papá.
-
Y
en ese caso, ¿qué sería Fleetwood Mac, donde hay varios miembros con distintos
peinados?
-
Es
que la teoría del pelo solo aplica a grupos de metal, entonces Fleetwood Mac es
pop/soft rock adulto contemporáneo. Pero en gracia de discusión, si Fleetwood
Mac fuera más pesadito habría que catalogarlos como curly hair metal, porque hay mayoría de pelo crespo y laca, por
Stevie Nicks, Christine McVie y Lindsey Buckingham. Más o menos como Heart, ¿sí
me entiende?
-
Qué
man tan bobo, parce…
-
Más
bobo vos que no sabés ni mierda de música, dizque escuchando Guns N’ Roses.
-
¡Venite
pa’cá a decirme eso en la cara a ver si sos capaz!
-
Me
voy pa’llá a darte en la puta jeta a ver si aprendés lo que es la buena música.
-
¿Vos
y qué ejército? Si sos más débil que una puta araucana después de una faena en
Ferias.
-
Más
debilucho que vos nadie. Más bien callate y vete a tomar sopita que harta falta
te hace.
-
Más
sopita le faltó a tu madre cuando te parió, pigmeo pueril.
-
Pigmeo
pueril vos, que ni barba te sale en la puta cara, imberbe, impúber, imbécil.
-
¡Petimetre!
-
¡Cernícalo!
-
¡Mentecato!
-
¡Supino
ignorante!
-
Cállese. ¿Qué va a hacer esta tarde?
-
Voy
a ver “Solaris” en mi casa.
-
¿”Solaris”?
¿Cuál es ésa?
-
Es
la que está basada en la autobiografía no autorizada del Indiecito Solaris.
-
¿Cómo
así que autobiografía no autorizada del Indiecito Solaris? ¿No se supone que si
es una autobiografía, el Indiecito Solaris es quien ostenta los derechos para
escribir su propia historia? ¿Acaso quién es el que puede autorizar la
autobiografía del Indiecito Solaris?
-
Pues
no estoy seguro de si lo leí en “Vanidades” o Yahoo® Noticias, pero por ahí vi que
la Guama Cardona fue quien compró los derechos de la autobiografía del
Indiecito Solaris.
-
¿Qué?
¿Cómo así? ¿Eso se puede?
-
Tan
es así que así es. Y no pregunte más que no soy abogado.
-
Pero
con toda la mierda que habla bien podría serlo.
-
Cállese.
¿Usted qué va a hacer esta tarde?
-
No
sé parce. Parchar acá en la casa. Estuve tomando anoche.
-
¿Y
eso?
-
Pues
sí. Con Bedoya, Natalia, Vergara y Azulejo.
-
Ah,
bien. Yo también tomé anoche. Tomé alrededor de un petaco de cerveza.
-
Bacano.
¿Con quién?
-
Yo
solo.
-
¿¡Qué!?
¿Y no está enguayabado?
-
¿Pues
cómo, si nada más tomé jugo de naranja?
-
¿Qué?
¿Cómo así? ¿No pues que se tomó un petaco de cerveza?
-
No.
Tomé alrededor de un petaco de cerveza, que no es lo mismo.
-
¿Y
cuál es la diferencia? Si un petaco de cervezas tiene treinta cervezas, y usted
dice que tomó “alrededor de un petaco”, entonces lo que me está diciendo es que
se tomó más o menos treinta cervezas, veintiocho, treinta y dos, algo así.
-
Cuando
digo que “Tomé alrededor de un petaco” quiero decir que tomé circundando el petaco.
Anoche estuve tomando jugo de naranja mientras le daba vueltas al petaco.
-
Ah,
¡qué man tan bobo, parce!
-
Yo
tengo razón, busque en el diccionario y verá.
-
No
lo digo solo por eso. No solo habla bobadas todo el tiempo sino que además se
comporta como un anormal. ¡Como un autista pues! ¿Por qué estaba tomando jugo
de naranja “alrededor” de un petaco de cerveza, como un güevón?
-
Ahj,
estoy deprimido. Llamé a esa vieja ayer por la tarde y no me contestó.
-
¿A
cuál? ¿A la Adri?
-
Sí.
No hemos vuelto a hablar desde lo del otro día…
-
De
qué habla.
-
Ah
jueputa, a usted no le he contado…
-
¿Qué
pasó? ¡Cuente!
-
Espere
y verá. ¿Sí sabe del ciclo de películas de Antonioni que están pasando en el Fundadores?
-
Sí,
sí, no he podido ir a ver ninguna, qué mierda…
-
Ha
estado muy bacano, he visto varias muy bacanas, pero todavía me falta ver “Zabriskie
Point”, que es la que más quiero ver.
-
Ah,
¿ésa es la película que hicieron sobre el incidente de Mónica Zabriskie en la
Casa Blanca?
-
Posiblemente,
aunque hay dos hechos que me ponen a dudar. Primero que todo, la película es de
1970, y segundo, creo que usted quizás quiso decir Lewinski y no Zabriskie, entonces no sé.
-
Ah,
¡qué man tan bobo parce!
-
¡Bobo
usted que se pone a hablar dizque de Mónica Zabriskie! Antes deme las gracias,
lo salvé de una eventual vergüenza pública.
-
Cállese.
Más bien dígame eso qué tiene que ver con lo de la Adri.
-
No,
hermano… Pues imagínese que llamé a la Adri para que fuéramos a ver “El
Reportero” el sábado a las 2:00pm.
-
¿Cuál
es “El Reportero”?
-
Es
una con Jack Nicholson y Maria Schneider, ¿sí sabe cuál? La del “Último Tango
en París”.
-
Ah,
sí, ya sé quién... Yo casi nunca pienso en “El Último Tango en París”, pero
cuando lo hago, siempre es en la escena de la barra de mantequilla.
-
Pues
sí, ¿para qué más? Qué hijueputa hueso.
-
¡Cállese!
Es buenísima.
-
Mentira,
no sé. No la veo desde que tenía quince años. La verdad no entendí ni mierda.
Tendré que verla otra vez.
-
Sí,
hágale.
-
Sí.
¡Oiga! Pues resulta que llamé a la Adri para que fuéramos a ver “El Reportero”
el sábado a las 2:00pm.
-
Sí,
¿y qué pasó?
-
No
me contestó. La llamé el sábado a las 11:00am y nada, al celular. El plan
inicial era ir a verla solo, porque la última vez que fui a cine a ver algo “raro”
que no es de cartelera con una vieja fue un fracaso. Imagínese que una vez fui
a ver “Freaks” de Todd Browning.
-
¿Cuál?
-
Es
una película ahí. Es a blanco y negro, de los años treinta, del ’33 por ahí, entonces
esa vieja se aburrió como a los veinte minutos y dijo que no se aguantaba más y
que nos fuéramos. Yo quería quedarme a verla pero pues no iba a abandonar a la
vieja tampoco, entonces me tocó irme y no pude ver la película. No, parce… Y
con esa vieja me dejé de hablar a los pocos días. No, y esa hijueputa perra como
es de difícil de conseguir …
-
Oe,
¿qué le pasa? ¡Bájele, bájele!
-
Güevón,
me refería a la película, aunque esa vieja tampoco es que… ¡Bueno! El caso es
que cuando voy a ir a ver películas que no están animadas, o que no sean
secuelas o remakes (que es lo único
que pasan en cine en este pueblo desgraciado), yo ya no llamo a nadie, voy solo.
Pero ese sábado me acordé que ella me había dicho que le había gustado ver
“Five Easy Pieces” y dije bueno, de pronto podría ser bacano ir a cine con
ella, entonces la llamé, pero como no me contestó me olvidé de eso
momentáneamente, me puse a revisar unas maricadas de la universidad y al rato me
fui a ver la película.
-
¿Y
entonces?
-
Pues
yo ya estaba caminando para el Fundadores cuando esa vieja me empieza a llamar
al celular.
-
Sí…
-
Sí,
hermano. Entonces contesté, le dije “¡Hola Adri!” y ella dijo “Hola, ¿cómo
estás?”, yo le dije “Bien, gracias, ¿y tú?” y ella dijo “Bieeeeen, gracias”,
usted sabe cómo es ella…
-
Sí
sí sí sí, jajaja…
-
Sí.
Entonces me preguntó que si yo estaba en la calle y yo le dije que sí, que
estaba yendo para el Fundadores a ver “El Reportero” de Antonioni, que
precisamente la había llamado para que fuéramos, y ella me preguntó que a qué
hora era, y le dije que a las 2:00pm, y en ese momento era la 1:30pm.
-
Qué
desparche, ¿media hora antes?
-
Sí,
pero espere y verá. Yo ya estaba llegando al Fundadores y pensé que había
tiempo de sobra para que ella alcanzara a llegar, ella vive en San Jorge, ahí
no más. Le pregunté que si quería que la viéramos que yo la esperaba afuerita.
Ella me dijo que listo, que acababa de llegar del gimnasio, que se iba a bañar
y que caía en quince minutos, entonces le dije que listo y así quedamos.
-
Listo.
¿Y qué pasó después?
-
Pues
hermano… Apenas colgué llegué al Fundadores y vi una fila monumental en frente,
haga de cuenta como cuando estrenó “Titanic”.
-
¿Qué?
¿Para ver una película de Antonioni?
-
Claro,
¿no ve que el ciclo es gratis? “Gratis hasta una puñalada”.
-
¿En
serio? Pero cuando cobran la entrada a mil pesos nunca va nadie, siempre son
máximo diez personas, si acaso…
-
Pues
ya ve que mil pesos hicieron la diferencia. Esa mierda estaba llena, familias
enteras, ancianos, jóvenes, niños, había de todo.
-
Jueputa…
-
Sí.
Ésa era mi primera película del ciclo y pensé que había llegado con tiempo de
sobra pero no, ¡llegué apenas!
-
No,
hermano…
-
Sí.
Me arrimé entonces a hacer fila, y mientras pasaban los segundos, cada vez más
gente aparecía a hacer fila, como si estuvieran regalando el elíxir de la
eterna juventud o alguna mondá así. No, yo más azarado no hacía sino mirar la
hora y la Adri nada que aparecía, pero no sabía si llamarla o qué porque igual
ella dijo que venía rápido y no quería ser cansón, pero finalmente resolví mandarle
un mensaje de texto. Le dije “Apúrate que hay una fila inmensa!”
-
Bien…
Creo que estuvo bien.
-
Al
rato me mandó un mensaje diciendo que acababa de salir de la casa, que ya
venía, pero en ese instante nos hicieron entrar a la sala, era la 1:43pm. La llamé
y le dije que yo la esperaba adentro, que yo le cuidaba puesto, y me dijo que
listo, que ella me buscaba adentro.
-
Sí…
-
Imagínese
que entramos al teatro y se llenó de la manera más inusitada, como si fueran a
regalar acciones de Ecopetrol®. Me senté atrasito, como por el lado derecho y
le cuidé el puesto a la Adri, pero con toda esa mano de gente no pude
aguantarlo exitosamente, usted sabe cómo es esa mierda, detesto cuidar
puestos... No, entonces llamé a la Adri, era la 1:46pm, le dije que no le pude
cuidar puesto pero que mirara otro puesto y que nos encontráramos a la salida,
me dijo que listo.
-
No,
hermano…
-
Sí.
Yo ahí sudando, mirando cómo se rebosaba de gente esa sala, y los segundos cada
vez más eternos… Entraba y entraba gente y nada que ella aparecía… Y yo miraba
a todas partes a ver dónde se podía hacer ella y cada vez menos puestos… Hasta
que pasó lo que tenía que pasar. Se llenó y no dejaron entrar a nadie más.
Cerraron esa hijueputa puerta y ya.
-
Noooo.
Entonces ya me imagino lo que pasó.
-
Sí,
güevón. Pensé en la vez que me tocó salirme de “Freaks”, y me dije que jamás,
ni por el Hijueputa, me volvía a salir de una película por una vieja, y pensé
firmemente en cumplirla.
-
¿Y
qué pasó con la Adri entonces? ¿Volvió a llamar?
-
Era
la 1:56pm. Ya estaban apagando las luces, yo ya le había quitado al timbre del
celular, cuando de repente esa mondá empieza a prender luces relampagueantes,
ya sabe, el “timbre” silencioso…
-
Jajajaja,
no…
-
Sí,
le digo que sí. Me llamó, y yo no sabía si contestarle, ¿qué putas le iba a
decir yo? Me desesperé y contesté. Dije “¿Aló?”, como si no supiera que era
ella, y ella me dijo que acababa de llegar, que estaba abajo y que no la
dejaban entrar que porque la sala estaba llena.
-
¿Y
usted qué le dijo?
-
Yo
le dije que sí, que efectivamente estaba llena…
-
Jajajaja…
¡Qué patético!
-
Pasamos
entonces a una pausa que se constituye en el ejemplo perfecto de lo que es un
silencio incómodo. No sé cuántos segundos fueron, pero fueron eternos…
-
Jajajaja…
-
Finalmente
ella, al darse cuenta de que yo no iba a moverme de allí, se echó a reír y dijo
que se iba a devolver a la casa, entonces le dije que listo, que hablábamos
otro día. Dijo que listo, y chao. Ya, eso fue todo…
-
No,
parce, usted sí es mucho marica.
-
Colgué
el celular y empezó la película. Bacana.
-
¿Sí?
-
Sí,
buena. Pero mire que a los veinte minutos la gente se empezó a salir, y por ahí
cuando llevábamos una hora de película el teatro ya iba por la mitad.
-
Jajajajajaja…
Qué gonorrea.
-
Imagínese. Maldito pueblo ignorante.
-
Le
hubiera dicho a la Adri que se tomara un café y que volviera en media hora,
jajajaja…
-
Ah,
qué maricada. Y al final, un viejo todo rabioso se levantó manoteando con furia
y exclamando que cómo así que el municipio estaba invirtiendo sus impuestos en
esa basura, que cómo le hacen perder el tiempo… No. Ignorante y desagradecido,
además.
-
Pobre
viejito.
-
Qué
gonorrea. Después de esto he visto “El Eclipse” y “Blow Up”, siempre yo solo y
llegando una hora antes para coger buen puesto, y siempre es la misma mierda,
primero lleno hasta las tetas, luego se desocupa mínimo hasta la mitad y luego
el mismo anciano se pone a alegar.
-
Ahhh,
¿es que ha vuelto?
-
“Gratis
hasta una puñalada”.
-
Pues
sí. ¿Y entonces la Adri qué? ¿Ni más?
-
Pues
primero pensé en no volver a llamarla, pues estaba lleno de vergüenza por todo
esto y no sabía cómo disculpármele, cómo compensarla por la cuasiplantada. Pero
antier, ya cuatro días después, me armé de coraje y pensé en llamarla a ver qué
pasaba. La llamé y ni me contestó ni me devolvió la llamada.
-
Ay,
parce.
-
Sí.
Creo que me tocó olvidarme de la Adri.
-
Pues
espere, puede que cuatro días no sean suficientes. De pronto en unos meses o
años ella lo perdonará, jajajaja…
-
Ah,
no sé, no importa, ya saldrá algo con alguien más, todo bien.
-
¿Y
qué va a pasar con su regla de no salirse de cine por ninguna vieja? Marica, le
sugiero que se replantee eso porque nadie se le va a aguantar la afición.
-
Ahj,
no sé, simplemente no volveré a cine con nadie, seguiré yendo solo. O no sé. Jueputa.
Creo que yo no nací para vivir en sociedad. ¿Entonces qué? ¿No piensa hacer
nada esta tarde?
-
No,
nada… Parchar acá en la casa. ¿Usted qué es lo que va a ver?
-
“Solaris”.
Si quiere caiga.
-
No.
La verdad las películas de fútbol no me traman.
-
Sí,
me imagino… Todo bien. Si acaso nos hablamos por la nochecita a ver dónde se
hace el daño.
-
Hágale.
Hablamos pues, ¡suerte!
-
Suerte.
2012
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