-
Rubén,
¿en qué va este tema? – exclama Arturo mientras sacude un fajo de papeles con
su mano derecha.
Rubén, justo en
ese instante, se encontraba escribiendo algo en un procesador de texto, en su
computador personal, escuchando música a través de sus audífonos. A través del
rabillo de su ojo izquierdo, notó el fajo de papeles que se agitaba pero no
escuchó la pregunta. Al instante, Rubén dirigió su atención hacia Arturo, quien
todavía agitaba el fajo de papeles, y procedió a detener la música con un “click” y a reposar los audífonos sobre
su cuello.
-
¿Ah?
-
¿En
qué va a este tema, Rubén?
Rubén, perplejo,
bajó la vista a tres cuartos y su expresión, inconscientemente, se llenó de
confusión total.
-
…
¿Ah?
-
¿Es
que no presta atención?
-
Sí
señor, me está preguntando por un tema, pero no sé a cuál se refiere.
-
¡Pues
a éste! – exclamó Arturo mientras azotó el puesto de Rubén con el fajo de
papeles, dejándolo inerte bajo sus narices. Rubén se quitó los audífonos
completamente, tomó el fajo de papeles, lo enderezó y lo organizó para ver de
qué le hablaban.
-
Ah,
la cancelación de TUTIPLÉN…
-
Sí.
¿¡En qué va este tema!?
-
Pues,
doctor, el tema siempre ha sido el mismo, no sé a qué se refiere…
-
¿Ah?
– Ahora es Arturo el estupefacto.
-
¿Qué
quiere saber exactamente?
-
¡En
qué va el tema!
-
¿Es
decir la cancelación? ¿Quiere saber en qué va la cancelación de TUTIPLÉN?
-
¡Sí,
por Dios! ¡¿En qué va eso!?
En este estado
de la conversación, Rubén sonríe con satisfacción, al creer saber por fin qué
es lo que Arturo indaga con tanta vehemencia.
-
Es
que, doctor, una cosa es el tema de la cancelación de TUTIPLÉN, y otra cosa es
la cancelación de TUTIPLÉN…
-
Por
favor – dice Arturo mientras sacude su mano derecha en señal de desaprobación a
la explicación no solicitada --, nada más dígame en qué va el tema, que se me
colma la paciencia…
-
Otra
vez con el tema – pronunció Rubén para sí con decepción, y volvió a su estado
inicial de confusión --. Pensé que le había entendido, pero me equivoqué…
Arturo entró en
absoluta cólera.
-
¡No
me tome del pelo! Necesito hacer un informe para Rubisam para esta tarde y
tengo mil vainas pendientes por hacer, ¿¡en qué va el tema!?
-
…
Rubén, ante
tanta presión, solicitó paciencia a su jefe y optó por llamar al archivo a
pedir el expediente. Observando el listado de extensiones que se encontraba al
pie de su teléfono, marcó con seguridad la extensión indicada, pero le contestó
Yudith, una amable señora que hacía las veces de recepcionista del bufete.
-
¿Aló?
-
Hola
Yudith, ¿por ahí está… -- Rubén indaga la lista de extensiones de nuevo para
recordar el nombre del encargado del archivo-- … Jáider?
-
No,
salió a conseguir un tema urgente fuera de la oficina.
-
¿Conseguir…
Un tema urgente? – repitió Rubén, con total desconcierto.
-
Sí
señor, para el jefe.
-
Pero
yo le pude haber dado un tema urgente, es más, ¡varios! La corrupción estatal,
el calentamiento global, el racismo en el siglo XXI…
-
…
¿Ah?
-
¿Y
a qué hora vuelve?
-
No
sé…
-
Gracias,
Yudith…
-
¡Apenas
vuelva yo le digo que le timbre!
-
Listo
Yudith, gracias – Rubén cuelga el receptor y ahora se dirige a Arturo --.
Doctor, no tengo acceso al expediente, Jáider salió a hacerle una vuelta a
usted, según me dijo Yudith…
-
No,
no, no, no – Arturo se frota sus antebrazos, los cuales se encontraban
remangados hasta los codos --, qué temita con ese muchacho, ¡nunca está en su
puesto! ¡Qué temita! Rubén: baje al archivo, busque el expediente de TUTIPLÉN y
me cuenta en qué va. ¡Pa’ntier!
-
Sí
señor.
Arturo se
devuelve por donde vino, totalmente alterado y manoteando como un poseso,
olvidando el fajo de papeles en el escritorio de Rubén. Éste, resuelto a
satisfacer la necesidad inmediata de su jefe, bajó al archivo al cabo de unos
segundos, segundos en los cuales reflexionó acerca del anterior bombardeo
temático al que se vio sometido.
Recién egresado
de la facultad de Derecho, Rubén había logrado conseguir trabajo en una
prestante firma de abogados y ésta era su primera semana. De hecho, se trataba
de su segundo día de trabajo y hasta el momento no había visto a su jefe
alterado en el más mínimo grado. Apenas el día anterior, su primer día en el
puesto, Arturo, en un usual gesto de amabilidad que siempre tiene con sus
paralegales recién entran a la firma, invitó al muchacho a almorzar y, durante
la velada, aquél se comportó como un tipo tranquilo, pero por el espectáculo
que acababa de presenciar, Rubén ya temía que se tratara de uno de esos locos
que cambian de estado de ánimo con la misma frecuencia con que Lady Gaga cambia
de atuendos en sus conciertos.
Ya en el
archivo, revisó el expediente de TUTIPLÉN, y vio que la acción de cancelación
ya había sido contestada, pero aún no reposaba copia de resolución alguna, de
manera que el caso seguía en trámite hasta el momento. Sin embargo, cuando
Rubén iba, expediente en mano, camino al despacho de Arturo, se encontró con el
dependiente de la oficina, Beto, y se vio obligado a detenerse.
-
Quihubo
doctor, ¡mire! Resolvieron TUTIPLÉN, la cancelaron totalmente.
-
!!!
-
Fresco,
el plazo para presentar el recurso se vence el próximo miércoles.
-
¿¿Qué
– Rubén palideció y entró en pánico -- ??
El pingüe
dependiente se echó a reír en un gesto de total irrespeto por su inmediato
superior.
-
Jefe,
¡que fresco! Hay suficiente tiempo para contestar.
-
¿¡Pero
cómo me dice que fresco si el plazo para presentar el recurso se vence mañana!?
¿¡Cómo es que se demora tanto en avisar una vaina de estas!? ¡Va a hacer que me
echen sin haber recibido mi primera quincena!
-
Calmado,
doctor – todavía en tono de sorna --, no es para mañana, ¡es para el próximo
miércoles! Fíjese, es del estado de hoy, martes. Tenemos cinco días hábiles
para interponer recursos, es decir miércoles, jueves, viernes, lunes no lo
contamos por el puente, martes y miércoles. No es mañana, es el próximo
miércoles, ¿ve?
Al recibir esta
explicación, Rubén respira hondo. No obstante, estima que este es el momento
oportuno para explicarle algo a Beto.
-
Beto…
Mañana ES el próximo miércoles.
-
No’mbre,
mañana es mañana, el próximo miércoles es el próximo miércoles…
-
Beto,
¿cuántos miércoles hay de aquí a mañana?
Beto rió ante
tal pregunta, y con propiedad la ignoró.
-
Doctor,
si hubiera querido decir “mañana,” hubiera dicho “mañana.” El hecho es que se
vence el próximo miércoles y no mañana. ¡Calmado! Tome esta copia y fírmeme
aquí, si me hace el favor, y de paso recíbame estas otras también…
Tal despliegue
de altanería le parecía insólito a Rubén, pero supo que no valía la pena
ahondar esfuerzos para hacer entrar en razón a Beto, al menos no en ese
instante. “Para eso habrá más tiempo después, si es que no me echan,” pensaba
Rubén. Se dispuso, pues, a firmar el recibido de cada resolución, y el pingüe
Beto desapareció lentamente de la escena, todavía riendo de satisfacción al
sentirse, al menos momentáneamente, superior a uno de sus superiores.
Rubén volvió a
su escritorio a dejar el paquete de resoluciones a un lado y a leer con calma
la resolución mediante la cual la Superintendencia de Industria y Comercio
cancelaba por no uso el registro de marca TUTIPLÉN, cl. 31, en Colombia.
La resolución la
comprendió casi en su gran mayoría, pero lo que no comprendía era por qué en
dicho acto administrativo se señalaba que “el
Capítulo V de la Decisión 486 reglamenta el tema de la acción de cancelación
(…)”. ¿A qué se refiere la Superintendencia de Industria y Comercio – se
preguntaba Rubén -- ? Una cosa es que en dicho capítulo se reglamente la acción
de cancelación contra los signos distintivos,
¿pero a qué tema se refiere, cuando dice que reglamenta “el tema” de la
acción de cancelación? ¿Qué “tema”? El de la acción de cancelación, claro.
¿Pero qué necesidad había de poner “tema” ahí? “El tema”, es decir, es uno
solo, El Tema. ¿Será que las diversas
instituciones jurídicas, las herramientas legales, y en general cualquier cosa,
puede ser entendida analógicamente como una fuga musical, y que el tema en cada
cosa se constituye en el elemento principal y esencial que compone cada fuga?
¿Será así? ¿Será?
La reflexión
anterior le hacía imaginar a Rubén que todo esto de hablar de temas y referirse
a todo como un tema es mucho más metafísico e intelectual de lo que él podía
comprender. Se refiere, entonces, el tema a la esencia de cada cosa, a aquel
elemento esencial, es decir aquel sin el cual cada cosa deja de ser para
convertirse en otra totalmente ajena.
Una vez leída la
resolución, y revisado el expediente de nuevo, Rubén ya creía contar con
información suficiente para contarle la novedad antes relatada a Arturo.
Decidió dejar las reflexiones sobre los temas en general y sobre éste en
particular de un lado, a medio comprender, y a concentrarse en los motivos por
los cuales TUTIPLÉN fue cancelada por no uso, revisando los argumentos de la
Dirección de Signos Distintivos de la Superintendencia de Industria y Comercio,
y las pruebas y argumentos radicados en su momento.
Así, subió las
escaleras y fue hasta el despacho de su jefe. La puerta se encontraba abierta,
y Arturo estaba hablando por teléfono. Éste vio a su subalterno al lado de la
puerta, y le hizo un ademán de bienvenida con su mano derecha, mientras
continuaba su conversación.
-
Siíiií,
sí, sí, sí… Siíií, sí, sí, sí… El tema es así. No, Juanchito, ¡faltaba más!
Jajajaja… Sí, sí, sí, sí… Luego nos tomamos un café, o cuadramos almuerzo y le
cuento de otro tema que me tiene inquieto… No, Juanchito, ¡ese es tema de otro
costal! Jajajaja… Chino, lo dejo porque tengo que trabajar. En estos días le
marco y… Sí… Me parece bien. Saludos a Juli y a los niños. Saludos… Chao.
Arturo colgó el
auricular, y tan pronto como lo hizo, desdibujó de su rostro la gran sonrisa
que sostuvo durante la conversación con Juanchito.
-
¿Cómo
vamos con el tema?
Rubén no sabía
qué decir, pero igual se lanzó al agua y preguntó.
-
¿La
cancelación de TUTIPLÉN?
-
¿En
qué va?
-
¿El
no uso de la marca?
-
¿Ah?
-
¿A
qué se refiere usted cuando me pregunta por el tema de la cancelación de
TUTIPLÉN?
-
¿¿Pues
qué tema va a ser??
-
¡Le
confieso que no sé!
-
!!!
-
Me
pide que le hable de un tema en relación con la cancelación de TUTIPLÉN, y pues
no sé qué otro tema gira en rededor.
-
No
es un tema, ¡es el tema!
-
¿Se
refiere a una canción?
-
¿Una
canción?
-
Sí…
El Tema de la Cancelación de TUTIPLÉN…
-
¿Es
que es tarado, Rubén? ¿Quién lo contrató?
-
Usted,
doctor, ¿es que no se acuerda?
-
No
cambie el tema, estamos en otro tema…
-
Sí,
es cierto, el tema…
-
¿Qué?
¿Ahora sí sabe de qué estamos hablando?
-
Para
serle franco, doctor, no. Temo que no comprendo.
-
Se
dice tema, Rubén.
-
¿Tema
que no comprendo?
-
Usted
no comprende nada, Rubén. Váyase.
-
…
Sin comprender
absolutamente nada, Rubén camina cabizbajo hacia su puesto de trabajo a
continuar con sus labores, temiendo, o temando, que su jefe ahora lo ve como un
inepto y que probablemente lo va a echar antes de que le paguen su primera
quincena. Se creía lo suficientemente capaz de abordar una conversación
profesional e inteligente con su jefe, pero el tema del tema le pudo. En
efecto, nadie le había hablado del tema nunca antes en su vida. Ni sus papás,
ni sus hermanos mayores, ni sus profesores en el colegio, ni aquellos de la
Universidad. Esto del tema parecía bien complicado, incluso mucho más que las
distinciones entre fuente, título y modo, que tantos dolores de cabeza le
propiciaron en la facultad de Derecho. ¿Será por esto que Temis, la editorial
de textos legales, se llama así?
A esta altura de
indagación intelectual, Rubén se percata de la siguiente conversación,
sostenida entre dos de los socios de la firma, David y Laura, en la oficina de
al lado de su puesto de trabajo.
-
Hola
“Déivid”, ¿cómo vas?
-
¡Bien!
¿Y tú qué? ¿Cómo vas?
-
Muy
bien, ¡al pelo!
-
¿Al
pelo? ¿Al peluche?
Ambos ríen, y hasta lagrimean por esto último.
-
¿Te
estás dejando influenciar por tus hijos entonces? ¿No debería ser al revés –
pregunta David, todavía riendo -- ?
-
Ay,
sí, ¡yo sé! No, no, no, no…
-
Ojo
con lo que dices, Laurita – le advierte David en tono amable --, ¡ya no tienes
quince años!
-
Sí,
“Déivid”, ¡ay, noooo! Jajaja… Pero noo, cuéntame, ¿en qué va tu tema?
-
¿Cuál
de todos, Laurita?
-
El
tema de tu hija.
-
Ah,
¡Silvia! Ella está bien, por fin adaptándose al curso, ya con amiguitas y todo…
-
Qué
bueno, ¡me alegra! ¿Y cuáles son tus otros temas?
-
Pues
yo tengo tres hijos, entonces tengo tres temas, ¿ves?
-
Claro,
los hijos son todo un tema…
-
Tres
temas en mi caso.
-
¿Un
tema que se divide en subtemas?
-
Sí,
puede ser… -- David se toma la barbilla y reflexiona seriamente sobre este
tema.
-
Claro,
porque cada tema puede comprender hasta varios temas a la vez…
-
Cierto.
¡Laurita! ¿Y tú cómo vas con tu tema?
-
Ah,
muy bien, es muy inteligente, ¡más lindo mi gordito! El sábado pasado nos
recitó a todos en la sala el “Juan Matachín”, ¡una ternura! Y el domingo por la
mañana…
-
No,
Laurita – interrumpe David --, el otro tema, el de ACUPLEN…
-
Ah,
¡EL Tema! ¡Ese sí va mal! No sé qué voy a hacer, ¿cómo voy a resolver este
tema, “Déivid”? ¿¿Cómo??
-
Calma,
Laurita. Precisamente encontré un par de sentencias que creo te ayudarán a
resolver el tema.
-
¿En
serio, mi “Déivid”?
-
Sí,
ya te los mandé al “meil”. Les echas un vistazo y conversamos si te parece.
¿Cuándo se te vence el tema?
-
Como
en veinte días, mi “Déivid”. ¡Súper lindo! ¡Me quitas un tema de encima!
Laura se
abalanza sobre David y le da un beso de varios segundos en la mejilla
izquierda.
-
Para
eso estamos aquí, Laurita, ¡para resolver temas!
-
Vale,
voy a mirarlos ya mismo y cuadramos para lunch
en estos días, ¿te parece?
-
Vale,
voy a estar aquí todo el día, por si acaso.
-
Chaíto,
hablamos más rato.
-
Tema.
-
Tema,
tema.
Sentado en su
silla, en su puesto de trabajo, Rubén a duras penas podía creer sus oídos.
Escuchó atentamente la anterior conversación sin comprender la mitad de lo que
dijeron. No estaba seguro de si se trataba de algún tipo de lenguaje cifrado,
en el cual las palabras clave o realmente importantes eran remplazadas por
“tema”, advirtiendo que había un intruso escuchando la conversación. En todo
caso, Rubén sintió que si algún día iba a ser socio de la firma, estaba muy
lejos de lograrlo, claro está, si es que para serlo era menester dominar a la
maestría el uso y concepto del “tema”.
Así, pues,
rápidamente salió Laura del despacho de su colega David, y divisó a Rubén en su
puesto.
-
¡Hola
Rubiel! ¿Cómo vas?
-
Sí,
h… Eh.
El recién
graduado primero iba a saludar a Laura y a responder la pregunta, pero al
escuchar que lo llamaron por un nombre que no correspondía, pensó en corregirla al instante. Ella,
naturalmente, no se detuvo a escuchar respuesta alguna y se desvaneció por
completo al cabo de unos cuantos segundos, siendo perceptible sólo a través de
un constante y veloz taconeo que igualmente se desvanecía, aunque más
lentamente que su imponente presencia visual.
¡Qué
preocupación la que embargaba al joven Rubén! Si así es como se expresan los
grandes y prestantes abogados, él estaba ciertamente en el primer peldaño de
una gigantesca escalera, como aquella que La Novia tenía que subir para llegar
finalmente a recibir enseñanza en artes marciales por parte del estricto Pai
Mei. De igual manera, pensaba Rubén, y tal como en el caso de La Novia en “Kill
Bill”, llegar hasta la cima, por difícil que pareciera era lo de menos, pues lo
realmente complicado está en la cima.
Timbró entonces
el teléfono en el puesto de Rubén. Vio en la pantallita del teléfono que se
trataba de la extensión proveniente del despacho de Arturo. Titubeó por un segundo, y
contestó.
-
¿Aló?
-
Rubén.
-
Señor.
-
¿Ya
se calmó?
-
¿Señor?
-
¿Ya
entiende el tema?
-
¿El
tema en general?
-
¡TUTIPLÉN,
Rubén! ¡TUTIPLÉN!
-
La
marca fue cancelada totalmente, doctor.
-
Eso
me acaba de contar Beto. ¿Tiene la resolución?
Al escuchar
esto, Rubén sintió un breve alivio, al saber que finalmente había dado en
alguno de los clavos, al menos.
-
Sí
señor, acá la tengo, ya la leí.
-
¿Y
bien? ¿Cuál es el tema?
Otra vez, la
incertidumbre se apoderó de Rubén. Sin embargo, como se encontraba en el inicio
de una “buena racha,” no titubeó y respondió lo primero que se le vino a la
cabeza.
-
La
cancelación por no uso de la marca TUTIPLÉN.
-
Rubén..
Hermano…
Rubén se moría
de pánico, pues efectivamente podía sentir la mano de Arturo dirigirse
violentamente hacia su propia frente, en evidente señal de reprobación. Al
mismo tiempo, escuchó a Arturo pujar con violencia al otro lado de la línea.
-
¿Es
que usted es ruso? ¿Dónde nació usted?
-
En
Zipaquirá, doctor.
-
¿¿Y
es que en Zipaquirá no hablan español??
-
Doctor,
estoy tratando de contestar a su pregunta…
-
¿¡Me
está diciendo que no hablo claro!? ¿¿Es mi culpa que usted no me entienda??
-
Para
nada, doctor…
-
Bah,
ése no es el tema, otro día nos sentamos a hablar sobre el tema con calma pues
evidentemente se trata de un tema importante que no da mucha espera… Tendremos
que aplazar varios temas para tratar su tema antes que otros temas que también
son bien importantes, y resolverlo con urgencia, pero ahora concentrémonos en
TUTIPLÉN. Vamos al grano: ¿¿¿Qué dice la resolución???
Con los ánimos
bien alterados, la presión arterial en vertiginoso ascenso y con copioso sudor
en su frente, sus axilas y en la palma de sus manos, empezó a agitar
nerviosamente su pierna izquierda de arriba hacia abajo, anclando con fuerza la
punta de sus dedos en el suelo, de modo que la agitación se manifestó en todo
su ser.
-
Eh…
Dice que la marca se cancela total… Totalmente…
-
¿¿Totalmente??
-
Sí
señor, totalmente…
-
¿¿Totalmente??
¿¿Qué dicen sobre las pruebas que aportamos??
-
Dicen
que… Las pruebas no son suficientes para… Eh… Demostrar un uso mínimo
suficiente en el mercado específico de comida para perros.
-
Pero
es que Rubén, ¿qué se supone que es un uso suficiente? ¿Es que acaso todas las
marcas deben vender de a trescientos mil millones de pesos al mes para que no
las cancelen? No todas las marcas tienen por qué ser notorias ni renombradas,
¡por Dios bendito! ¿Y qué parámetro tomó la Superintendencia para definir que
las ventas de TUTIPLÉN no son suficientes? ¿Con qué lo compararon? ¿Qué sabe la
Superintendencia del mercado de comida para perros? ¿Qué piensan en esa
Superintendencia? No, no, no, no…
-
Doctor,
estoy de acuerdo con usted… Creo que deberíamos presentar recurso…
-
¿¿Cree
que deberíamos presentar recurso??
Todas las
manifestaciones de nerviosismo se acentuaron ante esta pregunta, la cual Rubén
no sabía cómo interpretar exactamente.
-
Pues…
-
¡¡Pues
claro que hay que preguntar recurso!! Eso no se duda, Rubén. Así no haya
argumentos para presentar recurso, siempre hay que hacerlo si la decisión no
nos conviene, ¿entiende? Es por instrucción expresa del cliente y así hay que
hacerlo.
-
Entiendo,
pero – replicó Rubén, frotándose sus sudorosas manos contra su pantalón,
sosteniendo el auricular entre su hombro y su rostro, pero su jefe no le
permitió continuar --…
-
Hay
que presentar recurso, de reposición y apelación subsidiaria. Pedro, el
paralegal que había antes, y quien siempre entendía lo que yo le decía (¡en qué
momento nos abandonó este muchacho!), dejó en su computador una carpeta con
modelos de recursos y otro tipo de memoriales, entiendo que usted ya sabe de
qué le hablo. Tome uno de esos archivos y empiece a trabajar en el recurso de
inmediato.
-
Sí
señor.
-
Yo
sé que el tema se vence el próximo miércoles, pero el tema hay que presentarlo
hoy mismo, para incluirlo en el reporte de Rubisam, tenemos reunión sobre el
tema a las 4:00pm, entonces el tema es que el tema deberá radicarse antes del
mediodía, para que tengamos copia del tema aquí en la oficina sobre las 2:30pm
de la tarde, así que papito, coordine con Beto a ver cómo harán el tema y a
trabajar, ¿me entiende? ¡Pa’ntier!
De esto último,
fue poco lo que Rubén alcanzó a comprender, pues sus señales de nerviosismo
finalmente llegaron a un nivel tal que provocaron un colapso en su interior, de
manera que su sistema endocrino se desestabilizó por completo.
Involuntariamente, se orinó en sus pantalones, su pierna izquierda se desancló
de manera tal que ésta perdió todo control, y de repente se oyó una
explosión al interior del bufete.
-
(¡kabum!)
Por puro reflejo
y con alto grado de repugnancia, Arturo retiró su oído del auricular, y lo miró
con desconcierto.
-
¿Qué
fue eso – preguntó Arturo para sí, mientras bajaba la escalera hacia el puesto
de Rubén -- ?
Arturo bajó, y
antes de llegar escuchó un terrible grito por parte de Laura. Cuando llegó al
puesto de Rubén, ya estaban allí David, Laura, Beto, Yudith y otros miembros de
la firma, mudos, sosteniendo sus bocas con indignación y asco. Las paredes, el
computador, y en general todo el puesto de trabajo de Rubén lucía salpicado por
líquidos rojos, anaranjados y de otros tonos indescriptibles, e igualmente de
partículas semisólidas de texturas gelatinosas.
El cuerpo inmóvil de Rubén yacía sentado sobre su silla, reposado sobre
el espaldar, con la pierna derecha enderezada, la izquierda extendida hacia
delante, el brazo izquierdo colgando libremente desde el hombro, y la mano
derecha reposada sobre el escritorio, sosteniendo rígidamente el auricular.
Pero sin duda, lo más aterrador era que el cuerpo carecía de cabeza, pues había
estallado en mil pedazos. En efecto, el cuerpo, que estaba vestido de saco y
corbata, tan salpicado de líquidos y cosas indescriptibles al igual que el
resto de la oficina, terminaba en un orificio donde antes estaba su cuello, por
el cual se asomaban un par de vértebras, venas rotas, músculos viscosos y
tejidos.
Desconozco con
exactitud los motivos clínicos que provocaron la prematura muerte de Rubén. Los
mismos serán objeto de estudio en la autopsia esta tarde. Es decir, serán tema
de otro costal.
2011
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