I
Son las
11:13am. Se encuentra escribiendo algo en el computador de su oficina cuando timbra
el teléfono. Timbra tres veces más y deja de escribir para contestar.
-
¿Aló?
-
Quihubo
pues. ¿Por qué no contesta el celular?
-
Ah…
-- revisa en el bolsillo interior de su blazer y encuentra su celular
encendido, pero en modo silencioso. – Lo tenía en silencio.
-
Ah,
lo estuve llamando al celular.
-
Sí,
eso veo… Esta mañana estuve en función doble y olvidé… Se me olvidó quitarle…
Ponerle el timbre otra vez.
-
Ah,
ya… ¿Qué—
-
Qué
pena, ¿qué más?
-
No,
todo bien. ¿Qué vio esta vez?
-
No,
hermano… Vi la nueva de Adam Sandler, qué gonorrea de película.
-
Jajaja,
qué mal… ¿Cómo es que se llama?
-
Dizque
“Zohan: Licencia Para Peinar”…[i]
No, no… Ese mancito no da pie con
bola, qué pesar…
-
Jajaja,
sí se ve como mala, ¿no?
-
No,
pues, ¿ni para qué le cuento? Ya tengo la crítica lista, saldrá publicada en la
próxima edición.
-
¿Cuándo
sale?
-
El
martes.
-
¿El
martes ya es diez?
-
Sí.
-
Ah,
bueno, pues el martes la leeré a ver qué, jajaja…
-
Gracias
pues. ¿Y--
-
¿Qué
otras críticas saldrán?
-
La
de--
-
Ah,
espere ¿qué me iba a decir?
-
No,
nada, que qué me cuenta... Pues… Es que estoy trabajando…
-
Hombre,
pues para recordarle lo del cumpleaños del Gordo. Usted va a caer, ¿cierto?
-
Sí,
claro… Oiga, ¿pero no es mañana?
-
No,
güevón, ¡es hoy!
-
Ah,
¡pues claro! En Pyro, ¿cierto? ¿Doce y media?
-
Sí,
sí. ¡No! Digo, es a las 12:30pm, pero ya no en Pyro sino en The Vegetarian.
-
¿Qué?
A Javier
le sorprende el cambio de sitio, puesto que The Vegetarian es evidentemente un
restaurante vegetariano y no le cuadra que El Gordo quiera comer allá. Sin
embargo, el tono que usó Torres al informarle este cambio le hace creer que no
se trata de un chiste, y dado lo ocupado que se encuentra decide no inquirir al
respecto, o al menos no en ese momento. Opta pues por simplemente continuar la
conversación como sigue:
-
Bueno,
listo, allá nos vemos pues.
-
Hágale.
-
De
una.
-
Suerte
papá.
-
Gracias
por avisar.
-
Jajaja,
de una. Bien. Suerte.
-
Suerte.
Cuelga el
teléfono y vuelve su mirada al computador, donde reposa una reseña inconclusa. Durante
la pasada conversación no le contó a Torres que luego de ver la última película
de Adam Sandler vio la última película de Steven Spielberg, “Indiana Jones Y El
Reino De La Calavera De Cristal”, película que en su opinión se trata, entre
otras cosas, de “una secuela
del todo innecesaria que arruina la antiguamente perfecta saga”, y de “un desperdicio de talento de gente
brillante como John Hurt y Cate Blanchett, que en cambio exhibe
desproporcionadamente el pobre talento actoral del siempre reprochable Shia LaBeouf”.
Empieza entonces
a teclear una nueva frase, y en ese momento entra el director del área cultural
de la modesta revista para la que trabaja, sin siquiera tocar la puerta, la
cual se encuentra abierta.
-
Javi,
¿tiene un segundo?
-
Sí,
claro. Dígame.
El sujeto
hace un gesto de agradecimiento y aceleradamente se sienta en la silla del
escritorio, en frente de Javier. Éste deja de escribir en el computador y se
dispone a escuchar a quien es su jefe directo en la revista. El director, pues,
abre la boca sin decir nada por cuatro segundos, la cierra, unos segundos
después la vuelve a abrir y dice:
-
Tengo
que hablarle sobre sus últimos artículos… Sus reseñas, específicamente.
-
Sí…
Dígame.
-
Javi…
Me parece que usted escribe muy bien. Es un hecho. Tiene una redacción muy
clara e ingeniosa… Impecable, en ese sentido.
A
kilómetros de distancia Javier ve venir un gran “perooooooo…”. Mientras tanto,
asiente con la cabeza, con expectativa a la crítica que se avecina. Su jefe
sonríe de un modo extraño.
-
Gracias
– responde Javier -…
-
Pero…
Pero… ¿Es que a usted no le gusta ninguna película?
Observa a
su jefe en silencio, sin estar seguro de si se trata de una pregunta retórica.
-
Todas
sus críticas son de 2 pa’bajo… Media estrella, ¡cero estrellas! Por Dios, cero
estrellas… No le gusta ni mierda, ¿no?
-
Pues…
¿Qué le digo? Últimamente todo lo que sale es deplorable… No es que no me guste
nada, me gustan mu--
-
Bueno,
yo no sé… Pero trate de ser más positivo. No todo lo que sale puede ser tan
malo, ¿cierto que no?
Javier
gesticula, levanta las cejas y arquea los labios simultáneamente. Mientras
piensa qué contestar dice:
-
Pues…
El sujeto
se levanta de la silla, y se dirige con velocidad hacia la puerta, sin mirar a
Javier.
-
Piénselo…
Y hablamos. Me voy a reunión. ¿Cuántas críticas le faltan por mandar?
-
Tres.
Ya tengo dos listas… Bueno, una lista y estoy terminando ésta –dice señalando
la pantalla de su computador-- y me falta la de la película que voy a ver esta
tarde. Espero verla, escribir la reseña y mandar las tres a edición antes de
las siete. ¿O quiere que se las mande a usted primero?
-
No,
tranquilo, mándelas a edición de una. Yo confío en su criterio. Luego hablamos
con más calma. Piénselo. No. ¿Sabe qué? No piense nada, haga de cuenta que no
le dije nada. ¡Nos vemos que voy tarde!
Acto
seguido, el sujeto sale de la oficina de Javier mientras éste asiente, sin
decir nada. No sabe qué pensar sobre lo que le acaban de decir. ¿Se supone que
ahora debe escribir críticas favorables? Si él fue contratado, piensa Javier,
fue para escribir críticas a películas y artículos relativos a cine para el
área cultural de la revista, usando por supuesto su propio criterio, con toda
libertad. Eso dice su contrato, o al menos eso cree recordar. ¿Dónde estará ese
contrato, por cierto? Seguro que en la carpeta de papeles importantes, junto
con los papeles de la casa y la libreta militar. De más que sí. Sería buena
idea buscar la carpeta y ver si el contrato está ahí, tal vez por la noche. Por
ahora toca terminar de escribir la reseña de la película nueva de Indiana Jones
y prepararse para la función de la tarde.
Pasa el
tiempo. Llega la hora acordada con Torres y Javier entra al restaurante
vegetariano que se había acordado para el cumpleaños del Gordo. Torres lo
espera ahí y le hace señas para que lo vea. Javier se acerca a Torres.
-
Oe,
¿entonces qué?
-
¿Qué
más, Javi? ¿Bien o no?
-
Pues
bien… Bien. ¿Hace cuánto llegó?
-
No,
hace nada. El Gordo dijo que viene en diez minutos, me llamó ahorita.
-
Bien…
Bien.
Javier se
sienta al lado de Torres, en una mesa para cuatro. Los dos examinan en silencio
el restaurante en que se encuentran. Ven un montón de gente sentada comiendo y
otros tantos entrando y saliendo, es un sitio exitoso. Javier le pregunta a
Torres:
-
¿Usted
ya ha comido acá?
-
No,
nada…
-
Y
qué… ¿Se supone entonces que el Gordo sugirió este sitio?
-
Sí,
es que el man quiere adelgazar. ¡Es
que está muy gordo!
-
Pues
hombre…
-
Yo
me comí unas empanadas antes de venir.
-
Jajaja,
¿en serio?
-
No,
pero lo hubiera hecho, ¡mire el menú!
Torres le
pasa el menú a Javier y lo observa primero con detenimiento y luego con
repulsión.
-
Torres,
¡güevón! ¿¡Vamos a comer acá!?
-
¿Pues
qué hacemos si El Gordo quiere acá – contesta Torres, resignado-- ? Es el
cumpleaños de él.
Javier
continúa leyendo el menú con mucho asco. Torres le dice, en tono consolador
-
Vea,
yo no creo que ese man aguante este
ritmo vegetariano por mucho tiempo… Si mucho, si mucho, le pongo un par de
semanas más. Si mucho un mes.
-
¿Cuándo
empezó acaso?
-
Empieza
hoy, jajaja…
-
Jajaja,
¿en serio?
-
Sí,
que porque el cumpleaños es el inicio de un ciclo, y que como cumple 27, cada
siete años es el inicio de un nuevo súper ciclo o yo-no-sé-qué… Es una maricada
ahí en la que anda metido ahora, como de astrología o algo así, el otro día me
medio contó pero no le entendí muy bien.
-
¿Cuáles
siete años? Si son múltiplos de siete, ¿no debería empezar el supuesto ciclo
nuevo a los 28?
-
¿A
los 28?
-
Claro,
porque es múltiplo de siete. Siete por cuatro veintiocho. Le faltaría un año
para completar el tal ciclo…
Mientras
dice lo anterior, Javier sacude las manos y le hace ademanes gestuales a Torres
para que capte el error en el que aparentemente incurrió el Gordo.
-
Ve,
sí… Jajaja, ¿tendría el corazón para decirle al Gordo que empiece la dieta
dentro de un año entonces?
-
Pues
no me importa, eso nos podría zafar de almorzar acá, ¡yo le digo! Me
comprometo.
-
¿Y
a dónde vamos a ir ahora?
-
Por
aquí hay muchos sitios mejores. Esperemos a que llegue, le decimos y cambiamos
de sitio.
Pasan un
par de minutos, y en medio de otra conversación derivada de la anterior llega
El Gordo, conversando jovialmente con una mujer esbelta y muy atractiva, un poco
menor que él, casi de su misma estatura. Por la forma en que le sonríe al Gordo
parece que comparten la intimidad bajo las sábanas.
Torres,
en medio de moderadas risas, causadas por un comentario de Javier, interrumpe
la conversación para hacerse visible ante El Gordo y su pareja. Javier les
sigue con la vista, y reconoce a la mujer que acompaña a su gordo amigo. La
identifica, aunque no sabe su nombre.
Su única
interacción previa había sido hace tal vez año y medio, una noche en la que Javier
salió a una discoteca a beber y procurar conocer a alguien con quién desahogar
sus penas momentáneamente, o mejor, descargar la energía sexual que tenía
reprimida desde que terminó con su novia un mes atrás. Tres jarras de cerveza y
dos shots de tequila después, la vio
por primera vez a la distancia y sin pensarlo demasiado se fue caminando hacia
ella y se decidió a hablarle con toda la confianza proporcionada por el alcohol.
Ella lo vio venir cuando ya estaba demasiado cerca y no hizo nada al respecto, fuera
de observarle. Él se detuvo enfrente de ella, y dos segundos después se decidió
a hablarle. Ella, mientras tanto, le escuchó con indiferencia.
-
Hola.
Javier la
saludó con sus ojos fijados en los de ella.
-
Hola.
Ella le
contestó de un modo muy indiferente.
-
¿Entonces?
Intervino
así un tercer personaje, un tipo más alto y mejor vestido que Javier. Estaba al
lado de la mujer a la que le acababa de dirigir la palabra. Estaba al lado de ella,
muy cerca, y Javier no lo había divisado antes. El tipo, quien parece ser un
novio celoso, mira a Javier muy seriamente y su lenguaje corporal indica que
pretende proteger su territorio, por decirlo en términos animales. Javier, muy amable, le
contesta el saludo.
-
¡Quihubo!
¿Qué más?
-
Sí,
cuéntenos – le contesta el sujeto-- .
Al ver
que la oportunidad de coronar con la damisela elegida fracasó, Javier se las da
de payaso.
-
Sí,
bueno, es que estoy vendiendo estos relojes...
Javier se
hace el que está buscando relojes en sus bolsillos. A ella le da risa el
patético espectáculo que está presenciando. Al tipo no le causó gracia y
levantó la voz.
-
Sí,
ajá, ¡devuélvase por donde llegó!
-
¿Por
donde llegué? ¿Por qué no por otro camino? ¿Por qué por donde llegué y no por
otra parte? ¿Ah?
-
Mire
parcero, no se busque problemas. Písese, güevón.
Al decir
lo anterior, el tipo miró hacia su izquierda e hizo unas señas con la cara.
-
Ay,
problemas, ¡problemas! ¡Problemas los que tuvo tu puta madre cuando a tu papá
se le rompió el condón de mierda que iba a evitar que vos nacieras!
-
Ay,
papito – se ríe el tipo --, deje de hablar mierda. Cómasela, más bien.
En ese
instante llegó uno de los bouncers de
la discoteca, un hombre orangután bien fornido y tuso, de rostro similar al del
sargento en “La Gente de La Universal”. Se le acercó a Javier por detrás, y poniéndole
la mano izquierda en el hombro derecho le dijo:
-
Camine,
amigo, acompáñeme por acá.
-
Uy,
¡quieto! Suélteme, yo camino solo.
-
No
papá, uste’stá muy aletoso, camine por acá.
Javier
sacudió su hombro para quitarse al hombre orangután de encima, pero no fue
suficiente. El bouncer agarró de
nuevo al alicorado pero esta vez de los antebrazos y con una fuerza
irresistible con la cual empezó a tirar a Javier lejos de la pareja y ante los
ojos expectantes de los presentes. El tipo hacía gestos burlones de despedida
mientras la damisela se reía con la boca tapada, pues ese tipo de espectáculos
no le eran comunes.
-
Claro,
llamás a tus orangutanes a que hagan el trabajo sucio por vos, ¡ahí estás
pintado! ¡Canalla!
Por más
que intentó luchar con todo su cuerpo contra las tenazas del hombre orangután
no pudo superarle de manera alguna. Cuando todavía faltaban unos metros para
llegar a la salida de la discoteca dejó de luchar y simplemente se dejó
arrastrar por completo. Unos segundos después el bouncer lo soltó en la salida.
-
Suerte
man. No se busque más problemas,
¿oyó?
-
Ay,
problemas… Problemas.
El
orangután le contesta con una mirada amenazante. “Ojo pues”, lee Javier en sus
pupilas, y finalmente se va del sitio.
No había
pensado en este evento en los últimos meses, pero lo recordó todo de repente al
verla llegar con nadie más ni nadie menos que El Gordo. Éste, aún a la
distancia, divisa sus amigos, hace un ademán para que le esperen, habla algo
con su pareja, se dan un beso corto pero cariñoso y ella se va, no sin antes
hacer un veloz contacto visual con Torres y Javier, quien a pesar de haberla
observado todo el tiempo mientras estuvo visible al mismo tiempo pretendía evitar
todo contacto visual, de manera que cuando ella finalmente lo vio él bajó la
mirada, quedando absolutamente corchado. Torres, quien no se dio cuenta de nada
de esto, le pregunta.
-
¿Qué?
¿El Gordo anda cuadrado? ¿Quién es esa vieja?
-
Ni
idea, no sé…
-
¡Está
bien rica, jajaja!
Los
recuerdos de esa lejana noche le revivieron el mismo sentimiento patético de
derrota. No sabe si ella lo reconoció ni de qué forma lo recuerda, si es que lo
recuerda. Sabe, sin embargo, que está en algún tipo de relación seria con El
Gordo. “Con El Gordo”, le resuena en la cabeza. El Gordo se acerca a la mesa.
Torres se levanta y le saluda con entusiasmo. Javier le sigue.
-
Quihubo
pues Gordo, ¡feliz cumpleaños!
-
Oe
Torres, ¡gracias pues!
-
Hombre,
feliz cumpleaños.
-
Javier,
hermano, ¡con más amor!
El Gordo
abraza efusivamente a Javier y le da un par de palmadas en la espalda.
-
Oigan,
gracias por venir, ¡hace resto no los veía, güevón!
-
Bueno,
¿y quién es la vieja? ¿Hace cuánto se enredaron? ¿Ya le dijo que la quiere? ¿Por
qué no la presenta? Jajaja, ¡cuente a ver!
-
Cálmese
Torres, espere nos sentamos y les cuento…
Se
sentaron los tres y El Gordo empieza a contar su historia. De acuerdo con El
Gordo, ella se llama Catalina Pinzón, se conocieron en las novenas del año
pasado en la casa de la prima de ella, Juliana Pinzón, quien es gran amiga de
El Gordo desde el colegio, y empezaron a salir de inmediato. Están cuadrados
desde enero.
A estas
alturas Javier ya no tiene hambre y olvida por completo la pretensión inicial
de cambiar el restaurante. La conversación con sus amigos se suspende mientras
deciden qué almorzar, y Javier se decide rápidamente por unos kibes
vegetarianos y para tomar… No sabe. Revisa la sección de cervezas y no
encuentra ninguna de las marcas tradicionales. En vez de eso, encuentra
“cerveza biológica de trigo”. Pide una. Y otra, antes de que llegue la comida.
Y otra, cuando van por la mitad. Y otra, para acompañar a Torres y a El Gordo
con sus respectivas aromáticas de canela.
Javier y
Torres pagan la cuenta y continúan un rato más en la mesa mientras terminan sus
bebidas. El Gordo le pregunta a Javier:
-
Oe
Javi, ¿no está como turuleto con esas chelas?
-
¿Qué?
No, nada, Saben rico pero yo me siento bien, no estoy ni remotamente prendido,
ni tendrán alcohol, son unas cervezas vegetarianas ahí, ni idea.
-
No
estuvo ni tan mal el sitiecito –interviene Torres-, yo vuelvo. ¡Y el tal Javi
que quería que nos fuéramos a otro sitio! ¿Qué dice, Javi? ¿Vuelve o no?
-
Sí,
verdad –contesta Javier, a pesar de que los kibes no fueron completamente
satisfactorios por su escaza pero costosa porción--… No estuvo ni tan mal…
-
Sí,
vean, en serio yo voy a adelgazar, ya me mamé de que me digan El Gordo. Ahora
que me llamen por mi nombre. Hay que aprovechar que de acuerdo con mi carta
astral estoy iniciando un nuevo ciclo, y quiero establecer unos cambios serios
en mi vida.
-
Oiga
– dice Torres--, yo no sé… Este cuento de la carta astral, ¡No sé! Estas cosas
siempre me han parecido muy raras, pero si le sientan bien pues hágale.
-
¡Eso
Torres! ¿Y usted qué, Javi? ¡Ha estado muy callado! ¿Qué le pasa?
-
Nada,
todo bien. Fue una mañana pesada y me espera una tarde pesada.
-
Jajaja,
claro – interviene Torres --, pesadísimo ver películas gratis todo el día y
despotricar de ellas por dinero, ¡durísimo!
-
!!!
-
Ya,
Javi, ¡cálmese! Es por molestar, usted sabe.
El Gordo
se ríe de todo esto y continúa:
-
Bueno
parceros --se levanta la mesa, y sus amigos le siguen--, ya toca ir a continuar
labores, porque qué, ¿sí o qué? Muchas gracias pues, ¡qué detallazo!
-
Nada
Gordo –responde Torres-, con mucho cariño.
-
Con
mucho gusto, hermano. Tenemos que v—
-
¡Ah!
Qué pena, se me había olvidado. No le vuelvo a decir Gordo.
-
Jajaja,
fresco hermano, fresco.
-
Tenemos
que vernos más seguido –continúa Javier-.
-
Sí
sí sí sí. Y les presento bien a Cata. Ahorita no se pudo quedar, tenía audiencia
en el centro entonces le tocaba correr. Otro día se las presento formalmente.
Cuadramos algo en mi casa o algo, no sé, ahí miramos.
-
Bien,
listo. Me alegra que esté contento, ¡está muy hembra!
-
Jajaja,
¡Gracias Torres! Entonces mejor se la presento solo al Javi, Jajajaja.
Torres y
El Gordo se ríen bastante con esto, y Javier simula con éxito una risotada, de
esas que suele hacer cuando su jefe y ciertos colegas hacen chistes en las
reuniones y cocteles de trabajo. Falta un cuarto para las dos y Javier debe ir
a la película de las 2:30pm, por lo que se despide de sus amigos y se dirige al
teatro. La película cuya reseña debe preparar para la próxima edición de la
revista es “El Incidente”, escrita y dirigida por M. Night Shyamalan.
Entra a
la sala un poco después de que empiezan los comerciales previos y se sienta en
la parte de atrás y lejos de otros cuantos críticos que también están allá para
sacar sus respectivas reseñas. Observa la película con todo el cuidado y la
imparcialidad posibles, dadas las circunstancias.
Termina
la película, ruedan los créditos hasta el final y apagan la pantalla.
Visiblemente perturbado, unos minutos después Javier se levanta de su silla y
sale del recinto directo a la oficina a escribir la reseña, la cual ya tiene preparada
en su cabeza. La escribe ayudándose de cuando en cuando con los apuntes que
tomó durante la proyección y la remite a edición junto con las demás que hacen
falta. Luego de completar un informe que también debía mandar, ya bien
entrada la noche se dirige a su casa a comer algo y a dormir.
II
Una
semana después, Javier se encuentra escribiendo algo en su oficina, un día
cualquiera en la tarde. Su jefe va de salida a un cóctel, pero antes pasa por
la oficina de Javier.
-
Oiga
Javi, ¡muy buenas las reseñas!
-
Gracias
jefe.
-
Habrá
que ver esa del incidente, ¿no?
-
¿Cómo
dice?
-
Sí.
Para que a usted le haya gustado tiene que ser toda una obra maestra, ¡un
milagro del arte!
-
¿Ah?
-
La
veré y hablamos. ¡Saludos!
Javier,
intrigado por el entusiasmo de su jefe, se sorprende al saber que vio la
película pero que no recuerda nada de ella. Trata de pensar en la reseña de “El
Incidente” pero tampoco recuerda cómo la escribió. Toma entonces la edición
impresa que salió el martes y revisa sus críticas. Observa que a “Zohan: Con
Licencia Para Peinar” le puso media
estrella; a “Indiana Jones y El Reino De La Calavera De Cristal” le puso dos; y
contra todos los pronósticos y expectativas, le asignó la máxima calificación
posible a “El Incidente”: cuatro estrellas.
Se trata
pues de un hecho sin precedentes en el año y tres meses que lleva trabajando
para la revista. Ni siquiera la casi universalmente aclamada “Sin Lugar Para
Los Débiles” había merecido cuatro estrellas, puesto que, entre otros detalles
menores, “(…) sus personajes conservan un
aire extraño, un velo de artificialidad que me impide disfrutar la película a
cabalidad”.
Sentado
en silencio, Javier todavía no recuerda haber escrito ningún aparte de esta
reseña y tampoco ninguna escena en particular ni en general de la película.
Ahí,
sudando frío, se pregunta pues si vale la pena preguntarse si fue alguien más
quien escribió y mandó la reseña. Revisa rápidamente las otras dos reseñas publicadas
y se ven tal cual como él las recuerda. Abre su correo electrónico y revisa el
archivo adjunto al correo que remitió a edición: los textos coinciden, pero
para Javier esto no es suficiente. La última palabra la daría su libreta de
apuntes, la cual siempre lleva en su chaqueta para anotar ideas o apuntes
mientras ve películas que debe reseñar. La abre en las últimas páginas y
encuentra apuntes que coinciden con lo publicado. No hay duda: él la escribió.
Nunca
antes le había pasado esto. Usualmente su memoria es confiable y no suele
olvidar películas sino hasta años después de haberlas visto por última vez, si
acaso, y aun en tal caso de olvidar sus particularidades logra recordar al
menos una idea general y el reparto. En este caso ni lo uno ni lo otro.
Caminando
en círculos dentro de su oficina, Javier reconstruye en su cabeza los hechos
del día en que tuvo que haber visto la película: recuerda con lucidez haber
almorzado con sus amigos… Recuerda haber salido de la oficina de noche… Y
recuerda haber despertado al día siguiente en su casa. Cae en cuenta de que tiene
dos lagunas que sumadas dan más de doce horas y se asusta.
Escudriña
más profundamente en su memoria y logra recordar que durante el almuerzo bebió
cuatro cervezas en el restaurante vegetariano. Sin embargo, también recuerda no
haberse sentido prendido. Y también recuerda haber despertado libre de resaca
al día siguiente.
Tal vez
la especial mezcla entre esta cerveza biológica de trigo y el esplín revivido
el día del cumpleaños del Gordo crearon una reacción química a nivel neurálgico
desencadenando la laguna mental que sufrió como fruto de un
sistema de defensa ejecutado inconscientemente por su organismo. Javier no
tiene la más remota idea de lo que sucedió, pero por ahora se encuentra más que
intranquilo al percatarse de que la crítica de “El Incidente” surgió mientras
él sufría de efectos psicoactivos que se salieron de su control. En ese momento
toma el periódico y revisa cuál es la próxima presentación de “El Incidente” y
sale de inmediato para verla de nuevo, con la esperanza de poder sostener en el
futuro próximo lo que había plasmado en la reseña.
Ya en el
cine, con la sala casi llena, la función comienza y Javier se reconforta cuando
nota su tono sombrío, el cual es adecuado habida cuenta de la trama, la cual
gira en torno a una misteriosa fuerza que obliga a la gente a suicidarse de
inmediato con lo que haya a la mano. De igual forma observa algunos ángulos de
cámara bien interesantes y la cinematografía en general.
Pronto, sin
embargo, a medida que pasan los minutos y los personajes empiezan a
desenvolverse en pantalla y a desarrollar la trama, Javier no puede más que
lamentarse en silencio. Los espectadores ríen a carcajadas en medio de los momentos
supuestamente dramáticos. Al revelarse nuevos aspectos de la trama vociferan
con decepción y ya media hora después del inicio empiezan a salir personas
disgustadas de la sala, mientras que Javier permanece en su puesto estupefacto,
con la boca abierta ante tal espectáculo. Estupefacto no como cuando él observa
grandes obras como las de David Lynch o Lars von Trier, sino más bien como
cuando escucha la desafortunada respuesta de una Señorita Valle o Señorita Antioquia
a una pregunta del jurado en el Reinado Nacional de Belleza.
Por la
mente de Javier pasan infinidad de interrogantes, juicios y opiniones sobre la
película. ¿De dónde sale una frase como “(s)abes,
los perros calientes tienen una mala reputación. Tienen una forma grandiosa,
tienen proteínas… Te gustan los perros, ¿cierto?” ¿Y qué tal “(n)o hay momento en que dos personas
mirándose entre sí, o estándose quietas, amándose mutuamente con sus ojos sean
iguales”? ¿Y qué hay de “¿Puedes
creer cuán caquita puede ser la gente?”?
Es el
libreto con las frases más ridículas y estúpidas que jamás hayan visto la luz
pública. La ridiculez de las frases no cuadra para nada con la melodramática
música que acompaña el tono solemne de la película. No es una comedia, a pesar
de escenas hilarantes como aquella en la que el personaje de Mark Wahlberg le
habla a la mata de plástico; tampoco es una película de acción, a pesar de la
violencia gráfica de algunas escenas. Ni de suspenso, a pesar de los fallidos
intentos de asustar al público con el suave soplido del viento sobre una
pradera.
Nunca antes había visto un desastre tan
pretencioso, un fracaso tan estrepitoso, tan patético. Durante el transcurso de
hora y media, minuto tras minuto, la película logró sorprenderle con una sarta
de idioteces sin igual, unas evidentes y otras más pequeñas que revelan nuevas
capas de idiocia nunca antes imaginadas. Es supremamente corta en longitud,
pero mucho más en inteligencia y astucia. Es
un testamento del rotundo fracaso como libretista y director de M. Night
Shyamalan. Es
incluso peor que “Señales”, película del mismo director, que Javier hasta ese
momento consideraba como la peor que había visto en su vida.
Enfadado,
lívido y sudoroso, Javier sale de la película y se dirige al baño del teatro.
Allí escucha los comentarios de varios espectadores disgustados:
-
No…
¡Qué huesazo güevón! ¡Qué pedazo de mierda!
-
Yo
había leído por ahí dizque que era buena, pero no, ¡qué hijueputa tan mala!
-
Nunca
había visto algo así… ¡Increíble!
-
¡Jueputa
– exclama alguien más, mientras golpea una pared del baño con la palma de la
mano—qué rabia esa hijueputa película! ¡Qué rabia! ¡Que me devuelvan la plata
ya!
-
Jajajaja,
ya cálmense, no es más que una película. De acuerdo, es aterradoramente mala,
pero ya cálmense.
-
Hola,
sí, ¡dejen orinar en paz, carajo!
Javier temblaba
de miedo. Él había odiado la película también, la odia con todas sus fuerzas.
Sin embargo, la revista para la que trabaja publicó una reseña infinitamente
generosa y laudatoria sobre ella. Una reseña absolutamente colmada de encomios.
Una reseña de su autoría, aunque escrita bajo la oscura influencia del esplín y
cuatro botellas de cerveza biológica de trigo, aunque este detalle a nadie le
importa.
En
efecto, Javier, entre otras cosas, expresó en su reseña que “(d)espués de casi diez años de espera,
finalmente M. Night Shyamalan ha logrado reivindicarse como cineasta al superar
con creces la astucia y originalidad que caracterizan a ‘El Sexto Sentido’, con
la magistral sutileza de ‘El Incidente’.”
En otro
aparte expresa: “Cuando estrenó ‘El Sexto
Sentido’ hubo quienes consideraron a su autor como el sucesor de Steven
Spielberg. Ahora que tenemos la nueva (y ojalá última) entrega de Indiana Jones
y a ‘El Incidente’ juntas en cartelera, es claro que el discípulo ha superado
al maestro”.
En
relación con la actuación, destaca en particular a John Leguizamo “en medio de un talentoso ensamble lleno de
caracterizaciones calmadas y humildes, contrarias a los escandalosos bombardeos
de sobreactuación a los que nos tiene acostumbrados el cine de Hollywood.”
Resuenan
estas y otras frases más en la cabeza de Javier, junto con el alboroto del
público que acababa de ver la película y Catalina Pinzón besándose con el novio
de la vez de la discoteca y luego con El Gordo. No soporta más la situación y
va a la oficina de su jefe.
-
Hola
Lucy. ¿Se encuentra—
-
Hola
Javi –interrumpe alegremente la secretaria de su jefe--. No, no está. Salió un
momentico. Si quieres espéralo cinco minuticos.
-
Gracias.
Javier se
sienta y espera un par de minutos mientras Lucy continúa trabajando en silencio.
Entonces se pregunta a sí mismo qué le va a decir a su jefe. ¿La verdad? ¿Tiene
sentido revelarle la verdad a su jefe? ¿Le creería? Minutos atrás, a la salida
del baño del teatro, sentía que debía hablar con su jefe, pero en realidad no
había pensado de manera alguna qué objeto tendría esto. Si no le dice la
verdad, ¿qué se va a inventar y para qué?
-
Javier.
–le sorprende su jefe mientras camina hacia la oficina. Javier levanta la
vista, sorprendido.
-
¿Señor?
-
Venga,
cuénteme –entra a la oficina y le pide con la mano que le siga adentro--.
Entran a
la oficina y se sientan en sus respectivas sillas. El jefe le mira a los ojos.
-
Jefe…
-
Sí,
dígame…
Después
de una dramática pausa, Javier mira hacia abajo. Su jefe le dice:
-
Vi
la película –Javier levanta sus ojos hacia su jefe, quien está cabizbajo--. La
del incidente. Leí su reseña y fui a verla. Leí después las críticas de las
otras revistas, de los periódicos… Todos coincidimos en que es mala. Todos,
claro, menos usted. Es decir, la revista. Su reseña representa a la revista
entera, lo sabe, ¿no?
Javier
asiente con la cabeza. El jefe prosigue:
-
Usted…
Probablemente ha afectado de manera incorregible el good will de la marca, ¿está consciente de eso? Vamos a ser el
Ain’t It Cool News colombiano. La verraquera, ¿no?
-
…
-
Mañana
habrá comité editorial, y creo que su cabeza va a rodar. Lo lamento porque
usted escribe bien, pero como le digo, independientemente de su trayectoria y
de sus intenciones, este “incidente” va a dañar la imagen de la revista de
manera irreparable. La seriedad de la marca está en juego… No sé qué vamos a
hacer ni qué va a pasar, pero lo más probable es que usted no vaya a continuar
con nosotros. Se lo anticipo para que se prepare. Mi cabeza también está en juego.
-
Comprendo…
-
Vaya
a su casa y descanse. Mañana le comunicaremos qué decisión se tomó.
Javier se
levanta de su silla y se despide.
-
Gracias,
adiós.
-
Ah,
espere, ¿no iba a decirme algo?
-
Pues…
La verdad no. Ya no.
-
Bien.
Bien.
III
Javier
sale de dictar clase en la universidad y se dirige a su casa. Se supone que no
debe haber nadie, puesto que su esposa, Juliana, trabaja todos los días hasta
tarde y es él quien llega temprano. Sin embargo, hoy es una excepción.
-
¡Hola
amor! ¡Feliz cumpleaños!
-
¡Juli,
hermosa –exclama Javier--! ¡Casi me matas de un susto!
-
Hoy
salí más temprano para darte la sorpresita…
-
Hermosaaaaa,
¡tierna!
Se
abrazan y se dan un efusivo beso.
-
Como
estás de cumple cumple yo me encargué de hacer la comida…
-
Ternurita.
Sí me di cuenta del olor, ¿hiciste fríjoles?
-
¡No!
¡Pasta a la carbonara! ¡Dizque fríjoles!
-
Juliii,
¡es por molestar! Huele súper rico a pasta, jajaja, súper rico.
-
¡Qué
malo!
-
Juliiiiiiiiii
– Javier la ataca a cosquillas—
-
Ya,
¡quieto! Vamos a comer, y después vemos película.
-
¿Película?
¿Dijiste?
-
Síiií,
mira que hace rato no vemos película. Mira que antes de venir a la casa pasé
por 8mm y alquilé una película… Espérate la busco, la dejé por aquí…
Juliana
revisa en la mesa de la sala y entre unos papeles la sacó y la escondió tras de
sí.
-
Juli,
¿qué película alquilaste?
-
Es
una película que te gusta mucho mucho.
-
¿Ah
sí?
-
Síiiií.
-
Cuál
será… Cuál podrá ser… ¿Alguna de Kubrick?
-
Oye…
No sé, espérate miro…
Ella le
da la espalda a Javier para observar bien la caja, pues si bien ella reconoce a
algunos actores no sabe nada de directores. Javier aprovecha para abrazarla
desde atrás e intentar quitarle la caja para saber qué película es. Después de
un alegre forcejeo Javier logra quitarle la caja y queda atónito al darse
cuenta que se trata de “El Incidente”.
-
¡Tu
crítica sale en la caja! ¡Mira!
Efectivamente
es cierto. No solo su crítica sale en la caja, sino que es la única que sale en
la caja. Junto con las cuatro estrellas, su nombre y el de la revista, aparece
el siguiente fragmento de la reseña original: “El mensaje tan abiertamente abstracto, pero al mismo tiempo tan
cerradamente concreto que ofrece ‘El Incidente’ es susceptible de unir no solo
a una nación y a un planeta, sino también a la galaxia entera en una singular
orgía de paz y bienaventuranza.”
-
Sí, es mi crítica…
-
Amor, ¿qué te pasa? Estás pálido, ¿qué
tienes?
Javier,
inexpresivo, observa a su costado la ventana de la sala y las cortinas, que se
encuentran abiertas. Siente una suave y fresca brisa entrar a la habitación. Carente
de emoción dice:
-
Las cortinas están abiertas.
-
???
Camina
calmadamente hacia la ventana, cuyo borde inferior da hacia su cintura. Levanta
la voz a Juliana:
-
Es que… ¿No te importa lo que pase con
las abejas? ¿Por qué no te interesas un poco más por la ciencia? ¿Ah?
-
¡???!
Continúa
caminando, y a pesar de que ya está enfrente de la ventana no se detiene. En
cambio, continúa yendo hacia delante, como si no hubiese visto o sentido la
pared delante de sí, de manera que choca y su cuerpo se arquea dando bote por
la ventana por completo.
Juliana,
sorprendida con semejante comportamiento autista, grita y corre a abrir la
puerta. Apenas sale de la casa mira hacia su derecha y observa a Javier en el
jardín de la entrada, quien yace de espaldas, con las piernas levantadas y
reposadas sobre la pared, justo debajo de la ventana.
- ¡Javi amor! ¿Qué te pasa? ¿Te
enloqueciste? ¿Por qué te tiraste así por la ventana?
Juliana
se acerca a él para socorrerlo y ver si está herido. No parece estar sangrando
ni visiblemente herido de manera alguna. Después de una breve pausa dramática
él la mira con una indescifrable mueca, y le contesta:
- Es un acto de la naturaleza, y nunca
podremos comprenderlo a cabalidad.
2014
[i] A
continuación, los títulos originales de las películas acá referidas:
“Zohan:
Licencia Para Peinar” = You Don’t Mess With The Zohan
“Señales” = Signs
“Indiana Jones Y El Reino De La Calavera De Cristal” =
Indiana Jones And The Kingdom Of The Crystal Skull
“El
Sexto Sentido” = The Sixth Sense
“El
Incidente” = The Happening
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