Nos encontramos
en Bogotá D.C., poco después de la finalización de una jornada laboral, un
martes cualquiera de marzo, en el interior de una buseta que transita
lentamente sobre la Carrera 15, con destino al norte de la ciudad. Lentamente,
en efecto, pues la calle está, como es costumbre un martes cualquiera de marzo,
o prácticamente de cualquier otro mes a menos que sea Semana Santa, abarrotada
de carros.
Adentro, los
pasajeros se encuentran en completo silencio, silencio que se acentúa en el
hecho de que el conductor apagó su radio desde hacía una hora.
Después de unos
minutos el bus se detiene, el conductor abre la puerta delantera y se sube un
sujeto de saco y corbata, de unos cuarenta años de edad, de contextura ni
gruesa ni delgada, de un aspecto bastante normal. Dicho sujeto, al llegar al
último escalón del bus, se detiene y saluda al conductor.
- Buenas tardes…
El sujeto saca
un billete de su bolsillo y lo extiende hacia el conductor del bus, quien tiene
unos cincuenta y cinco años de edad, igualmente de aspecto bastante sobrio.
Éste, sin mirar al sujeto, contesta el saludo.
- Buenas tardes…
El conductor
recibe el billete mientras el sujeto observa las hileras de sillas, agrupadas
de a dos, y a los pasajeros con el fin de determinar dónde se va a sentar una
vez le entreguen el cambio. Mientras tanto, el conductor lleva el billete a sus
narices por dos segundos, lo deja encima de una pequeña pila de billetes,
escarba un par de monedas que se encuentran al lado de los billetes, y sin
revisarlas se las entrega al sujeto, quien sí las revisa y observa que el
cambio estuvo bien devuelto. El bus reanuda su lenta marcha sobre la Quince.
- Gracias…
El sujeto,
mientras recibía el cambio, observó que no había ventanas libres, de manera que
determinó sentarse al lado de una joven que se encontraba hacia el lado
izquierdo del bus y en las últimas hileras desde su perspectiva (de él),
mirando fijamente por la ventana. Tenía unos veinticinco años de edad, era
delgada, de cara bonita y una pinta descomplicada, sencilla y atractiva.
El sujeto se
sienta al lado de la joven sin que ésta se inmute. El sujeto se acomoda sin
problemas y mira hacia el frente, hasta que voltea a mirar a la joven, cuando
ésta murmura un par de palabras ininteligibles.
- …
El sujeto
pensaba que la joven se había dirigido a él y estaba listo para pedirle que
repitiera lo recién dicho, pero al mirarla se da cuenta de que ella sigue
mirando fijamente a la ventana, y finalmente él se arrepiente de pronunciar
palabra alguna, volviendo lentamente su mirada hacia el frente del bus.
La joven dirige
breve y rápidamente su mirada hacia el reloj en su muñeca izquierda, y vuelve
su mirada a la ventana al tiempo que reposa su mano sobre su regazo, situación
toda que el sujeto observa desde el rabillo de su ojo.
El sujeto
observa a los demás pasajeros del bus. En la hilera inmediatamente delantera se
encuentra un caballero de pelo y barba canosa, también de saco y corbata. A su
lado se encuentra una mujer tan elegante como se lo permite su salario mínimo.
Dos hileras más adelante y hacia la izquierda del bus (desde la perspectiva del
sujeto) se encuentra un adolescente con uniforme de colegio, tal vez de quince
años de edad, con audífonos, entretenido probablemente con un reproductor de
música digital (el sujeto, desde su silla, no puede estar seguro de esto, y yo
tampoco).
El sujeto
detiene su observación cuando súbitamente la joven emite unos sonidos bucales,
como emulando el barrido de una escoba. Éste no se voltea a mirar, pero el
caballero de adelante sí, con rostro de asombro. La mujer de adelante, que
estaba cabizbaja, levanta levemente su mirada al escuchar el inusual sonido,
dado el contexto.
El sujeto, sin
mover su cabeza, mira a la joven, quien sigue mirando a la ventana, al tiempo
que emite un nuevo sonido como de escoba barriendo. El caballero y el sujeto
intercambian una muy breve mirada de consternación, y aquél vuelve a su
posición natural.
Unos cuantos
segundos después, la joven, quien continúa mirando por la ventana, expele sin
timidez alguna un cántico salsero, con una cruda voz de tarro y a un volumen
perfectamente audible a dos sillas a la redonda:
- Si te saco
a pasear andas con una carota…
El sujeto voltea
a su izquierda y hacia atrás, y observa que una pareja de ancianos de cejas
fruncidas le observan a él, como si fuera responsable del cántico de la joven.
Detrás de la pareja de ancianos se encuentra un señor calvo, dormido, y delante
de la pareja un joven practicante, leyendo un libro.
-Si te doy
una flor después la consigo rota…
La joven
continúa con lo que parece ser otro verso de la misma estrofa, al mismo volumen
y con la misma voz de tarro, como si se encontrara en la tina de su casa, al
tiempo que observó su reloj de la misma manera descrita más arriba.
El bus avanza un
par de metros, se detiene, y reanuda la marcha, como ha venido haciéndolo todo
el tiempo. El sujeto mira a su reloj, solo como excusa para no mirar a la joven
cantora. El caballero de adelante voltea su cabeza hacia delante y la mujer de
enfrente vuelve a su posición cabizbaja.
- Tanto amor
que te doy y creo que no te importa…Ya yo no aguanto más, tú me haces la vida
corta.
Esta vez la
joven aumenta la intensidad del cántico a seis hileras de sillas a la redonda,
de manera que el adolescente se voltea a mirar hacia atrás al sujeto y a la
joven cantora, y el sujeto tampoco puede evitar voltear a mirarla. Él observa
la desnuda oreja izquierda de la joven y se da cuenta de que no salen cables de
la otra.
El sujeto voltea
de nuevo su cabeza hacia la izquierda con una sonrisa de desconcierto y observa
que el practicante ha interrumpido su lectura, mirándolos a los dos. El sujeto
no voltea a mirar a la pareja de ancianos, quienes probablemente siguen
mirándole fijamente, con sus ceños fruncidos.
- Dime cuántas
veces me dirás que no… Que te invito a una fiesta…
El bus continúa
su marcha lenta e interrumpida por el pesado tráfico sobre la Quince. El
caballero se percibe notablemente incómodo con la cantora, y esta vez la mujer
de enfrente ha volteado a mirar al sujeto, como instruyéndole de manera tácita,
pero de alguna manera expresamente también, que haga algo al respecto, como si
los actos de la joven cantora fueran responsabilidad suya. La pareja de
ancianos empieza a murmurar rabiosamente. El sujeto torna su mirada hacia sus
propias piernas, pensando en si debe acceder o no a las instrucciones de los
demás pasajeros del bus.
- Que te
invito a comer, que te llevo al trabajo, que si quieres beber—
- Oye…
El sujeto, aún
cabizbajo, observando sus propias piernas, interrumpe el cántico de la joven.
En efecto, súbitamente se calla y voltea a mirar al sujeto a los ojos,
sorprendida.
- ¿Será que
podrías… Por favor...?
El sujeto
levanta su mirada y encuentra los maravillosos ojos de la joven, cristalinos y
amplios como ellos solos.
- …
La joven se
prepara para decir algo pero no lo hace. En un par de segundos, el sujeto
completa su requerimiento:
- ¿…Cantar algo
que yo conozca?
El caballero de
enfrente se voltea con cara de histeria al escuchar esto último, y la mujer de
enfrente alcanza a soltar un leve gemido de frustración. Los ancianos de atrás
se miran estupefactos. El practicante voltea a mirar al sujeto y a la joven,
pero vuelve sus ojos rápidamente al libro que tiene abierto entre piernas,
aparentando no prestar atención a la situación. La joven sonríe y contesta:
- Algo… ¿Como
qué, por ejemplo?
El sujeto mira a
la mujer de enfrente, con rostro iracundo, acompañando al del caballero, quien
vuelve a su posición natural, exasperado. El sujeto sonríe, y vuelve a mirar a
la joven.
- No sé… Algo
como… Por ejemplo… Bad
Company… Foreigner… Bachman-Turner Overdrive… Algo así…
La joven no
tiene ni idea de qué le habla el sujeto. Mira el espaldar de la silla de
enfrente y hace una línea con el dedo índice de su mano derecha, de arriba a
abajo. El sujeto observa dicho movimiento.
- No tengo ni
idea de qué me hablas… - Ella vuelve su mirada al sujeto.
- Es rock –
le contesta- … ¿Sabes algo de rock?
- Pues… - La
joven vuelve a mirar a la ventana, y mira de nuevo al sujeto- Creo que me sé
algo de Caifanes…
- Sí, de
Caifanes está bien… Dale pues.
El sujeto vuelve
su rostro hacia el frente. El caballero y la mujer están en lo suyo, o al menos
retiraron sus miradas de la conversación. El adolescente parecía en lo suyo
también.
- No… Ya me
tengo que bajar…
El caballero
suspira de alivio. La joven se pone de pie. El sujeto corre sus piernas hacia
la izquierda para que la joven pueda salir de su puesto. Mientras ella pasa a
su lado se miran brevemente.
- Chao…
- Chao…
Mientras la
joven sigue su camino hasta el fondo del bus y se baja, el sujeto la sigue con
su mirada, ladeado y sentado desde su puesto en el bus. El bus se encuentra
detenido por el trancón y la puerta de salida ya estaba abierta, de manera que
la joven baja inmediatamente. El señor calvo se estaba babeando a sí mismo con
el rastro de baba que dejó en la ventana. Nunca se enteró de lo que acabó de
pasar. La pareja de ancianos mira fijamente al sujeto, con sus ceños más
fruncidos que nunca. El sujeto les sonríe y se dirige a ellos:
- ¿Qué? ¿Ustedes qué querían? ¿Frank Sinatra?
2010
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